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Thursday, October 11, 2007

Las tres corrientes avanzan (y la lluvia no para)


La Sociedad Civil: En Buenos Aires, la gente se organiza espontánemante y deja de comprar tomates por considerar que el precio es abusivo. Se genera el "boicot de los tomates".
La web 2.0: El diario EL PAIS, que durante 31 años tuvo como lema "Diario independiente de la mañana" incorporará el próximo día 21 un nuevo subtítulo: "El periódico global en español". Juan Luis Cebrián, presidente del grupo, aseguró que "el futuro pasa por Internet".
Las empresas amenazadas por la información que circula:
-El 47% de los agricultores tradicionales de café en Vietnam vive bajo la línea de pobreza. Menos del 1% del café que compra Nestle proviene del Comercio Justo (Fairtrade).
Consumers International se ha unido a la organización Accountability para determinar las actitudes de los consumidores de Estados Unidos y los del Reino Unido ante el cambio climático:
• Más de la mitad de los consumidores cree que los gobiernos deberían forzar a las empresas a eliminar productos que contribuyen al calentamiento global (un 45.7% en EE.UU. y un 57.1% en el RU, con un combinado total de 51.5%).

Mientras tanto en Buenos Aires no para de llover y pienso en el cambio climático, y me pregunto: ¿y si sigue? ¿y si no para? ¿y si les tenemos que empezar a contar a nuestros hijos que antes el sol salía mucho más seguido?

Monday, June 25, 2007

Ciberactivismo, bloggers y redes sociales: una nueva realidad

Leí esta nota de Jesús Centeno Osorio en el blog de Ugarte, y me pareció excelente y muy clara. Después me enteré que había sido premiada. Comparto lo que me resultó más relevante:

Comienzos de 2007: Internet cuenta con más de 70 millones de blogs y 4.2 millones de bloggers activos. España suma ya 1,4 millones de bitácoras virtuales, que este año han cumplido su décimo aniversario. El éxito de la llamada web 2.0, basada en las aplicaciones multimedia, la inteligencia colectiva y la participación activa de los usuarios, es ya incuestionable.

(Leer Mas.....)

Monday, February 05, 2007

Los Emprendedores Sociales entran en escena


Brillan en Davos. ver nota de Nicolas Kristof para la Nación

Así como hace tres años los celebrities comenzaron a hacerse notar en la escena de este Foro, este año les tocó el turno a los emprendedores sociales, los cuales hasta ahora participaban en circuitos paralelos como el WSF de Porto Alegre o Nairobi.

Los emprendedores sociales son individuos que decidieron enfrentar por sí mismos las soluciones para los problemas que aquejan a sus comunidades, aplicando la misma visión y determinación para alcanzar sus objetivos que caracterizan a los empresarios, y es por eso que están en Davos.

Bill Drayton el fundador de Ashoka los define como “personas poseídas por una idea, que con determinación inextinguible e ideas revolucionarias están resolviendo problemas alrededor del mundo"


El New York times también se pregunta:
What is a social entrepreneur?

Seguramente este año escucharemos mucho sobre ellos.

Monday, January 15, 2007

Faros

Faros es un cortometraje que produjimos y que dirigió Mariano Llinás que se presentó como cierre del Coloquio de Idea en Mar del Plata 2005.
Faros muestra la visión de seis emprendedores sociales de diversos países de Latinoamérica, que de manera incansable resuelven problemas a gran escala en sus comunidades.
Personas que confirman que la confianza y la responsabilidad sacan lo mejor de cada uno. Y con ese poder comunitario generan un cambio revolucionario.


Faros
Uploaded by evanpebo


Gracias a
Fabián Ferraro
Inés Sanguinetti
Rodrigo Baggio
Marco Julianes
Rubén Darío Suarez Arana
Bartolomé Silva.

Monday, January 08, 2007

Timeline

Un simple sketch que ilustra los eventos que ocurrieron en las tres corrientes que seguimos.

Wednesday, December 27, 2006

La canción del Comercio Justo

Desde que John Lennon abogara por la paz mundial y criticara la guerra con Vietnam, son muchos los líderes de las principales bandas musicales que apoyan distintas causas políticas, económicos o ecológicas. Chris Martin de Coldplay, Noel Gallagher, Blur, Stereophonics, Beck, Moby, Blur, Radiohead y Shakira, entre otros, hacen lo ahora lo suyo por el comercio justo.



Chris Martin, vocalista y líder de Coldplay, dijo que aunque la banda no quiere imponer sus creencias políticas, sienten la obligación de usar su fama y buen nombre para una buena causa. ¿Les suena? John Lennon, Bob Geldof, Bono, Angelina Jolie, REM, etc.
"No queremos dar sermones, sólo decir esas palabras (comercio justo) y asegurarnos de que la gente las investigue por sí misma", expresó Martin en una conferencia de prensa en Hong Kong.
Coldplay apoya la campaña de Oxfam contra las políticas comerciales que afectan a los países en desarrollo.

Tomar conciencia
Aunque en muchos casos se considera superficial la actuación de los músicos, tildados de livianos a la hora de comprometerse, el caso es que para las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) equivale a años de campaña de concientización.
Este es, quizás, el primer gran obstáculo de causas como el “Comercio Justo” que promueve pagar un precio justo -y a veces un poco más- por los productos del Tercer Mundo, mejorar las condiciones de vida del productor y su familia, crear ambientes de trabajo sin discriminación racial o sexual y sin explotación infantil, cuidar el medio ambiente y educar a los consumidores sobre el rol clave que tienen en la lucha contra la pobreza.
El año último, durante una reunión especial sobre el tema en el Parlamento Europeo, el comisionado de la Unión Europea (UE) para el comercio, Peter Mandelson, se refirió a este fenómeno del consumo responsable en los siguientes términos: "El comercio justo nos recuerda que el comercio es sobre personas, su sustento, sus familias y, a veces, su supervivencia".

El negocio del comercio justo
En Suiza el 47% de las bananas, el 28% de las flores y el 9% del azúcar que se importan es adquirido mediante fair trade (como se conoce al fenómeno internacionalmente). Atentos a estos números, varias grandes empresas se sumaron a la tendencia. Claro, para eso debieron respetar los criterios que definen al comercio justo. Así, Nestlé lanzó recientemente en el Reino Unido una versión especial de su clásico Nescafé, el Partner s Blend, con granos producidos en cinco cooperativas de Etiopía y El Salvador. El packaging incluyó muy visiblemente la leyenda "Este café ayuda a los agricultores, a sus comunidades y al medio ambiente."
La cadena de valor del comercio justo es sencilla: los productores les venden a las organizaciones importadoras que distribuyen las mercaderías en los puntos de venta. Sin embargo, en los últimos tiempos, la irrupción de entidades certificadoras -con sus correspondientes sellos- empujó fuertemente el crecimiento: desde 2000, las ventas crecieron el 20% cada año.

Personaje del Año

María Jesus Sanhueza, una de las estudiantes chilenas que usó las redes sociales on line para movilizar a todo su país.

Fuente: Atina Chile.

Tuesday, December 26, 2006

Los Valores de la Sostenibilidad


En este blog seguimos un sendero, somos guiados por tres corrientes que entendemos confluyen en nuestro tiempo para generar uno de los cambios más paradigmáticos de la historia de la humanidad.
No estamos solos, existe una comunidad de personas que ha comenzado a ver y vivir estas tendencias. Un individuo que aspira a ser un ciudadano global, que se da cuenta de que esas corrientes pueden llevarlo hacia aquello que está buscando. Que actúa responsablemente y es al mismo tiempo un ciudadano común.

Pareciera que de pronto el mundo se vuelto fértil y apto para que germinen miles de semillas que impulsan el crecimiento sostenido de una iniciativa privada organizada, miles de ciudadanos que trabajan buscando soluciones para los problemas sociales más urgentes.
Brasil, India y Estados Unidos ya poseen, individualmente, más de 1 millón de organizaciones civiles organizadas en fundaciones y ONGs.
Sin embargo, no son “nuevas” semillas que germinan en la tierra, sino que mas bien son las “condiciones” de la tierra las que han cambiado para permitir el nacimiento de semillas que hasta ahora estaban latentes pero que de pronto afloran como brotes jóvenes y fértiles.
Bill Drayton que desde Ashoka ha apoyado a 1700 personas en 62 países no es un creador de emprendedores, sino un visionario que entendió las distintas tendencias que surgen en el tercer sector y dedicó su vida a empoderar a estos surgentes emprendedores sociales, a cuidar que esas miles de semillas que germinan creando “oportunidades mágicas que logran convertirse en realidades”.

Pero así como las “labrazas” de Drayton, permiten el desarrollo de estos proyectos, también es cierto que en el mundo se han generado radicales cambios estructurales que han impulsado el surgimiento sistemático de estas organizaciones sociales.
Se trata de un cambio radical en los valores sociales, políticos y económicos, impulsado quizás por dos razones fundamentales: los avances en las nuevas tecnologías de comunicación sumado a la pérdida de legitimidad que han sufrido los distintos gobiernos y otras instituciones políticas en las ultimas décadas.
Hardin Tibbs, Director del Global Business Network, asegura que la primera de las razones a generado un efecto de expansión en las libertades personales, permitiendo “que la gente explore los nuevos límites de estas libertades en relación a su libertad personal y nuevos estilos de vida. Estas exploraciones y experimentos han sido críticos en impulsar este cambio de valores.
Thomas Gladwin en su trabajo Socio-economic Challenges of Social Sustainability, analiza este viraje de valores y visiona “una muy profunda, búsqueda interna, un revolucionario y dolorosos proceso de transformación del orden moral”. En definitiva una redefinición radical del pacto social.

La Sostenibilidad Social, asegura, representa un cambio fundamental de paradigma, que transformará valores humanos, las visiones políticas y las reglas de juego de la sociedad, produciendo la siguiente mudanza:

Esta corriente se evidencia claramente a través del surgimiento de las millones de organizaciones ciudadanas mencionadas. Aquí, en Odiseo, denominamos a esta tendencia la revolución asociativa global.
Una corriente que busca una sostenibilidad social genuina: la reducción de la pobreza, el empoderamiento de la mujer, la creación sistemática de empleo y una redistribución de oportunidades a escala masiva.

Monday, December 25, 2006

Cuento de Navidad


Una crónica de la visita al Colegio del Cuerpo, en Cartagena de Indias, Colombia, donde la danza rescata jóvenes de la prostitución, la delincuencia y la droga.

En Cartagena de Indias faltan cinco días para la Navidad y la ciudad se hace difícil por el calor pegajoso, el tráfico caótico (están cortadas las calles principales para la construcción de una línea de subterráneo) y las celebraciones que suceden en cada esquina. En la puerta de la catedral San Pedro Claver, dos chicos vestidos con camisa blanca y una cruz de oro colgada del cuello me invitan al concierto de coro que darán a las siete de la tarde, y de paso me obligan con sus miradas de monaguillo a comprarles un bono contribución por siete mil pesos (3 dólares). Cruzo la plaza que une la ciudad amurallada, el refugio calmo de los turistas, hacia el barrio de Getsemaní. Todo está destruido por los trabajos viales y los autos y las mototaxis me amenazan.
El Colegio del Cuerpo queda en Calle Larga número 10-27. Al entrar, me encuentro con un grupo de morenitas de entre 10 y 12 años que conversan entre ellas mientras comen un bollo de harina de maíz y sostienen en sus manos un juguete que acaban de recibir como regalo. Tienen el cuerpo delgado y estilizado, la sonrisa fácil, la mirada encendida. Están en esa edad en que todavía no son concientes de su propia sensualidad. La edad en que la mirada masculina, cuando se posa sobre ellas, provoca vergüenza y, a veces, miedo.
El edificio tiene el aspecto de una casa en constante reforma. La fachada es blanca y está decorada con una serie de fotografías en blanco y negro. Pero dentro, las vigas del techo están a la vista, una tabla de madera divide la recepción de una oficina y dos sillones viejos sirven como único confort para los visitantes.
May Posse es una especie de secretaria todo terreno que mueve los hilos que hacen posible que el Colegio del Cuerpo esté por cumplir su décimo aniversario. Nacida en Bogotá, tiene alrededor de cincuenta años, el cuerpo pequeño y porte de bailarina.
-Amo la danza, pero soy escritora- me aclara. Lleva su pelo negro con canas blancas arreglado en una trenza gruesa que le llega a la cintura. No usa maquillaje y viste una camisa blanca bordada.
Quiere saber por qué estoy acá y se hace cómplice de mi teoría que sostiene que los periodistas también deben preocuparse por contar buenas noticias. Entonces, mientras esperamos que llegue el director de este particular espacio cultural, me invita a recorrerlo.
En 1997, Álvaro Restrepo, un prestigioso bailarín y coreógrafo colombiano, y Marie France Delieuvin, una pedagoga y bailarina francesa, soñaron con un lugar para acercar la danza a jóvenes de clases bajas. En una Colombia desangrada en una guerra, en la que en cada ciudad los chicos crecen aceptando la violencia como algo cotidiano, éste era un sueño necesario.
Marie France Delieuvin y Álvaro Restrepo propusieron un método para que a través de la danza, los jóvenes de los barrios pobres construyeran una relación de respeto con su cuerpo y el de los otros. Mostrarles un camino a través del arte. Formarlos como artistas, pero también como ciudadanos. Algo que nunca se había hecho antes.
(...)

Al fondo de la casa, atravesando el patio interno, está el salón de baile, con piso de madera, un equipo de música y el techo demasiado bajo. No hay aire acondicionado.
-¿Saben lo que es la sopa en Argentina? Bueno, bienvenida a la sopa- me dice May con una media sonrisa.
Luego subimos por una escalera de hierro celeste hasta la terraza.
-Aquí vamos a construir un segundo salón de baile, que esperamos que tenga techos más altos y sea más cómodo. Una empresa tabacalera nos está dando los fondos. Ya sabes como son, por un lado te matan con cáncer y por el otro ayudan…
Volvemos a la oficina, May me invita una taza de café y sigue contándome sobre el proyecto. Empezaron ofreciendo clases de danza para chicos de Cartagena, buscando talentos en las escuelas públicas de los barrios más pobres. Así se formó el Grupo Piloto Experimental con 12 chicos. Nueve años más tarde, esos mismos jóvenes progresaron y formaron una compañía estable de danza contemporánea con la que recorren los escenarios del mundo. Además, están cursando una licenciatura en Artes en la Universidad de Antioquia y empezaron a dar clases a otros chicos que, como ellos hace nueve años, se acercan al colegio, que funciona como un semillero de talentos.
Álvaro Restrepo llega acalorado y se disculpa por haberse atrasado algunos minutos.
-¿Ya lo leíste?-le pregunta a May al arrojar a la mesa de su oficina un ejemplar de Rencor, de Oscar Collazos, una novela sobre la prostitución infantil en Colombia.
Restrepo es un hombre de unos cuarenta años, delgado, de piel clara y pelo oscuro prolijamente corto. Usa anteojos, camisa celeste y sandalias de cuero. Todavía le caen gotas de sudor por la frente. Con gesto cansado, me explica la realidad social de la que es testigo: ‘El 70% de las personas en Cartagena son pobres, hay desplazados por la guerra y el turismo sexual crece cada año’.
-¿Quieres ver una clase con principiantes?-propone y cruzamos el patio hacia el salón. Saluda con un apretón de manos a Alberto, de 25 años, uno de sus estudiantes que ahora es el maestro. Me quedo sentada en una silla en un rincón.
Unos treinta chicos, varones y mujeres de entre 11 y 14 años, están participando de la clase. Sólo algunas risitas vergonzosas interrumpen el silencio con el que escuchan las indicaciones del profesor. Alberto, el maestro de danza, parece un adolescente más, con el cuerpo delgado perio fuerte que caracteriza a los bailarines profesionales. Es de piel morena, pero su pelo enrulado es casi rubio y tiene los ojos claros. Viste una musculosa de algodón blanca y un pantalón liviano y largo, que arremanga hasta sus muslos, pero que igual se cae a cada rato. Está descalzo y tiene una pulsera de hilo en el tobillo derecho.
-Caminen por todo el espacio en círculos, pero sin tocarse. Tienen que aprender a ocupar el espacio, pero respetando el espacio del otro- indica Alberto con voz segura mientas los chicos deambulan, algunos serios, otros riendo, unos pocos chocando.
Un chico de unos 14 años, morocho, con la musculosa blanca anudada de forma que deja ver su abdomen, parece ser el más experto del grupo. Otro más gordito tiene una mirada tierna y atenta a todo lo que sucede en la clase. Hace los ejercicios con conciencia, sin burlarse ni avergonzarse. Hay otro alto y desgarbado que bromea con su amigo cuando les indican que se copien como un espejo los movimiento del otro. Muchas nenas visten jeans, lo que parece poco apropiado por el calor y el ejercicio que están haciendo. ‘Bajen los hombros, metan la panza. ¿Vieron como todas las niñas de Cartagena caminan con la cola para afuera? Se dañan la columna por caminar así’, les dice.
Los chicos siguen jugando al espejo.
-La mirada es lo más importante. Miren a su compañero a los ojos, sigan con su mirada cada uno de sus movimientos, escuchen el lenguaje del cuerpo- dice Alberto.
Luego les propone como ejercicio hacerse masajes mutuamente, lo que parece entusiasmarlos. Arman parejas y empiezan a masajear los hombros, dar pequeños golpes de karate y finalizan ayudando a elongar toda la columna al compañero. Nadie se preocupa por mi presencia. Ni tampoco por el calor intenso, apenas aliviado por unos ventiladores que sólo arrojan aire caliente.
En el grupo hay cuerpos de nenas esbeltas, con piernas finitas como alfileres. Hay cuerpos de chicos que crecieron de golpe y la cabeza les quedó como colgada. Hay cuerpos fibrosos y fuertes. Y cuerpitos llenos de redondeces. Hay brazos demasiado largos, cuellos demasiado cortos. Pelos enrulados, atados en rodete o sueltos con rebeldía. Hay pies descalzos y firmes sobre el suelo. Y otros inseguros, que no saben si están o se van.
Forman una ronda y el profesor les propone que de a uno, pasen al centro y dejen que su cuerpo se mueva guiado por una de sus partes: el codo, la cabeza, el pie. Para mostrarles, Alberto comienza a moverse siguiendo su codo, pega saltos, se contonea, sacude la cabeza. Cuando le toca su turno, una de las nenas se resiste. Niega con la cabeza y se tapa la boca para reírse. Otro baila con desgano como si fuera música de hip-hop. El chico gordito elige usar la cabeza, pero parece un toro. Y el de la musculosa anudada en la cintura se deja guiar por el pie dando saltos ágiles y patadas de capoeira.
-Suelten el cuerpo, ocupen todo el espacio, no se inhiban- insiste Alberto. Y usa expresiones como ‘ primera posición’ y demi plié.
Al final de la clase, les explica: ‘Cuando termina una clase de ballet se debe agradecer al profesor o aplaudirlo’. Entonces, todos aplauden, algunos lo saludan con un beso, otros preguntan cuando pueden volver.
Mientras los chicos van en busca de su merienda y su regalo, me acerco al maestro, que está juntando sus cosas. Me sonríe, me pide que lo espere sólo unos segundos y salimos para conversar en la terraza, el único lugar del colegio donde parece correr una gota de aire. Se pone una gorra color verde, atiende un celular de los modelos más modernos y promete llegar en unos veinte minutos a un encuentro. Aún no atardece en Getsemani.
-Para los niños de Cartagena, el baile es algo que llevan en la sangre. Cuando yo era muchacho, iba a los picos, unos bailes que se armaban en los barrios. Se hacían piques, que eran como duelos, y había premios. Así aprendí a bailar, hip-hop, más que nada- me cuenta.
Alberto se unió a la compañía a los 18 años, cuando estaba haciendo el servicio militar. Llegaba al Colegio del Cuerpo vestido de policía y se sentaba a mirar los ensayos, ya que uno de sus amigos integraba la compañía. Jamás había tomado una clase de baile, pero había bailado toda su vida. ‘ Hasta que un día Álvaro me peguntó si me animaba a mostrarle cómo bailaba, hice una prueba y me ofreció quedarme’.
-Lo más importante de estos siete años, es que descubrí que la danza era un camino profesional. En mi familia me decían que tenía que estudiar algo, trabajar, pero nada me interesaba. No quería ser abogado ni médico. Ni imaginaba que la danza podía ser un medio de vida. Lo que más me gusta es la parte creativa.
-¿Querés ser coreógrafo?
-No me gusta la palabra coreógrafo, sino creador, quiero crear espacios, movimientos. Hacer algo horizontal.
Cuando le pregunto por las otras cosas que se aprenden en el camino de aprender a bailar, Alberto evita las frases hechas:
-No es algo directo, no es que por una clase de danza, aprendes educación sexual o a ser más respetuoso. Pero adentro tuyo, nace una conciencia colectiva y a la vez individual. Los niños que vienen, con el tiempo, empiezan a mirar su cuerpo con otros valores. No se trata de borrar las huellas de identidad. Todos los muchachos aquí hacen este gesto (se roza la entrepierna) y yo no he dejado de hacerlo. Porque ese gesto es información de mi lugar. Como las niñas, que caminan con la cola hacia fuera. Pero a través de la mirada y del reconocimiento del otro, aparece el respeto.
Bajamos por las escaleras hacia la salida. Cuesta imaginar el cuerpo liviano de Alberto vestido con uniforme militar. Cuesta imaginar sus ojos claros acatando órdenes distintas de las de su arte. Se aleja hablando por su celular último modelo, con pasos largos y seguros, por las calles atestadas de autos y gente de Getsemaní.

Cartagena de Indias, diciembre 2006